V Domingo de Cuaresma (Jn 11, 1-45)
En el Evangelio de hoy vemos a un Jesús que se conmueve, que camina hacia el dolor y que, finalmente, genera vida donde parecía haber terminado la esperanza.
«Señor, el que amas está enfermo». El pasaje comienza con un mensaje de urgencia. Marta y María no piden un milagro específico, solo exponen la realidad del sufrimiento a quien saben que les ama. La Fundación Anunciata Solidaria (FASOL) nace de esa misma sensibilidad. Al igual que Jesús escuchó el llamado de Marta y María, nuestra Fundación escucha el clamor de las comunidades vulnerables. No se trata solo de «dar ayuda», sino de reconocer que quienes sufren son «aquellos a quienes el Señor ama». Nuestra misión es solidarizarnos y responder con amor ante la «enfermedad» de la injusticia y la pobreza.
«Jesús se conmovió profundamente», no fue indiferente ante el dolor de Marta y María y él mismo lloró. Anunciata Solidaria también se conmueve ante el “lloro” de los que no tienen posibilidad de vivir con dignidad, haciéndose presente en las realidades más duras, compartiendo la «tumba» de las dificultades cotidianas de los niños y jóvenes.
«¿Crees esto?» Jesús confronta a Marta con una pregunta fundamental antes de actuar. Él le pide que crea no solo en una idea abstracta («la resurrección en el último día»), sino en una persona presente: «Yo soy la resurrección y la vida». La labor solidaria de Anunciata Solidaria se sostiene sobre la fe en la dignidad inalienable de cada persona. Creer que un niño en una zona marginal puede tener un futuro distinto es un acto de fe.
«Desatadlo y dejadlo andar”. Jesús hace el milagro, pero pide a la comunidad que participe en el proceso de liberación. Lázaro sale vivo, pero aún está atado por las vendas del pasado y de la muerte. Son los otros quienes deben desatarlo. Desde Anunciata Solidaria queremos “quitar las vendas” de la falta de educación, de exclusión, de injusticia y “dejar caminar” a las personas con autonomía. Nuestro compromiso no es solo “dar vida» a proyectos, sino que buscamos que los beneficiarios puedan caminar por sus propios pies, siendo protagonistas de su propia historia. Cada beca, cada comedor y cada escuela construida es una mano que ayuda a quitar una venda para que un ser humano pueda caminar en libertad.
Hoy Jesús nos dice: «¡Sal fuera!». Invita a las comunidades a salir de sus limitaciones y a la sociedad a colaborar para desatarlas

